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El pendejo

Se cuenta que en una ciudad del  interior, un grupo de personas se divertían con el pendejo del  pueblo, un pobre infeliz, de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas. Diariamente algunos  hombres llamaban al  pendejo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales.

Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió: Lo sé, no soy tan pendejo. Ella vale cinco veces  menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar  más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias  conclusiones:
La primera: Quien parece pendejo,  no siempre lo es.
La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos pendejos de la historia?
La tercera: Una ambición desmedida  puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
Pero la conclusión más interesante  es:
Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos.

Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.
El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pendejo delante de un pendejo que aparenta  ser inteligente”.

This entry (Permalink) was posted on Jueves, Octubre 12th, 2006 at 5:27 pm and is filed under Humor. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response , or trackback from your own site.

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